Hay dos elementos centrales que sostienen a esta realización del director Atom Egoyan: una es la tensión creciente que se va desarrollando alrededor del personaje que interpreta Julianne Moore a medida que avanza en el intento de comprobar si su marido le es infiel. El otro es una penetrante mirada sobre el desgaste que el paso de los años produce sobre un matrimonio, y la exposición de las dudas, las inseguridades y las decepciones que atraviesan a los miembros de la pareja. El realizador apela a un estilo narrativo interesante, y juega con los diferentes puntos de vista que ofrece al espectador; de esta manera, le propone algunas tretas que le agregan interés al desarrollo de la trama y que contribuyen a capturar la atención de la platea.
Es muy bueno el trabajo de Julianne Moore, quien tiene a su cargo el rol mejor desarrollado desde el guión; con gestos mínimos y con miradas cargadas de intención, la actriz pinta en toda su magnitud a la exitosa profesional, que parece tener un matrimonio ideal pero que en realidad vive un calvario signado por las dudas acerca de la fidelidad de su esposo; y que, después, se precipita por una pendiente emocional, agitada por sentimientos que no es capaz de controlar. Amanda Seyfried encarna con solvencia a Chloe, la joven que debe poner a prueba al marido (Liam Neeson, correcto como siempre), pero que poco a poco se va inmiscuyendo en la vida de toda la familia hasta lograr una posición dominante. Imposible no remitirse al clima de "Atracción fatal", aquel inolvidable thriller erótico en el que Glenn Close enloquecía a Michael Douglas; pero en este caso, hay elementos que llevan la historia por otros carriles. Hay, también, una interesante reflexión sobre el riesgo de no preservar a la pareja de la erosión producida por el tiempo.
A pesar de que el desenlace de la historia parece algo abrupto y forzado, el filme entretiene y observa un crescendo dramático que mantiene la atención del público.
BUENA